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EL SUPREMO DECIDIRÁ EL PRÓXIMO 26 DE FEBRERO ACERCA DE LAS TARJETAS CON INTERESES ABUSIVOS (TARJETAS REVOLVING)

La sala de lo civil del Tribunal Supremo ya ha fijado el 26 de febrero de 2020 como la fecha para pronunciarse sobre uno de los aspectos más esperados en relación con las entidades financieras: si los intereses cobrados en las “tarjetas revolving” son usurarios o no. Esta sentencia puede tener una trascendencia muy grande, pues abriría el camino a una nueva fuente de reclamaciones para los usuarios de servicios bancarios.

Estas tarjetas, que financian el consumo y llegan a cobrar intereses superiores al 25%, son comercializadas por diversas entidades, desde el SANTANDER, BBVA o CAIXABANK hasta CARREFOUR, si bien WIZINK es la líder actual del mercado, y por tanto la que más se juega en este asunto.

Fue en 2015 cuando el Tribunal Supremo consideró usura cualquier tipo de interés “notablemente superior al normal del dinero y manifiestamente desproporcionado”. En el caso de este tipo de tarjetas, suelen duplicar al interés medio ordinario de operaciones de crédito al consumo, dato que publica periódicamente el Banco de España.

Como argumento de defensa, las entidades financieras alegan que el Banco de España publica, además del tipo medio de operaciones al consumo, una tabla en la que detalla el tipo medio de interés de estas tarjetas, cercano al 22% actualmente. Por tanto, si comparamos una tarjeta con un tipo del 26% con esta media, concluyen que no resulta desproporcionado.

Desde COMIFLIX, entendemos que estas operaciones sí constituyen una financiación al consumo, por lo que su tipo de interés debería compararse con el tipo medio de operaciones al consumo y no con el tipo medio de las tarjetas revolving. La comparación con la media del tipo de interés de las tarjetas que pretenden las entidades es artificial e interesada, y solo pretende consolidar el cobro de un interés abusivo que no tiene justificación.

Por decirlo de manera muy sencilla de entender: si comparo una operación con tipo de interés usuario con la media de las operaciones con tipo de interés usurario, en resultado es obvio.

En resumen, el problema radica en establecer si el mercado de las “tarjetas revolving” es diferente del resto de créditos al consumo y, en consecuencia, está justificado el cobro de un tipo de interés distinto, o si, por el contrario, se trata de una operación de financiación igual que el resto, no pudiéndose argumentar el diferencial de precio en el simple hecho de que el crédito se soporte en una tarjeta. Como ya hemos mencionado al principio, habrá que esperar hasta el 26 de febrero para salir de dudas.

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